El Otro Lado de la Puerta: Roberts debió dejarla cerrada

Si bien el terror ha sido un género imprescindible desde los albores del cine hasta nuestros días, parece que en los últimos años -salvando algunas excepciones- la calidad de las cintas dista mucho de aquellas que rodaron míticos como Polanski (La Semilla del Diablo), Kubrick (El Resplandor) o Friedkin (El Exorcista). Y me refiero a que para estos directores el aterrorizar a la gente no estaba reñido con caminar sobre un guión sólido y de calidad, con hacer una película realmente inquietante más allá de provocar sobresaltos esporádicos en el espectador. No obstante, hoy en día parece primar que estalle el gritómetro antes que sumergir al público en una asfixiante atmosfera de perturbación y desasosiego. Evidentemente, El Otro Lado de la Puerta, que llega hoy a nuestras pantallas, no escapa a este insípido molde.

El film nos cuenta la historia de María (Sarah Wayne Callies) y su esposo Michael (Jeremy Sisto), padres de dos hijos, Lucy (Sofía Rosinsky) y Óliver (Jax Malcolm/Logan Creran), que viven acomodadamente en la India. Pero en un accidente de tráfico Óliver muere, y María no es capaz de soportar la pérdida, viéndose sumergida en una espiral de tormento que la fuerza a buscar una manera de comunicarse con su hijo. A ello le ayudará Piki (Suchitra Pillai-Malik), su criada, que conoce una manera de conectar su mundo con el reino de los muertos. Sin embargo, en esta comunicación, María cometerá el error de traer a Óliver de vuelta, lo que desencadenará funestos sucesos para su familia.

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Con esto que les adelanto, no es difícil deducir que el film caerá en una constante de tópicos predecibles y más que trillados del cine de terror entre los que se cuentan: una casa gigante con puertas que chirrían, objetos que se mueven solos, fantasmas, monstruos abominables, posesiones, sucesos paranormales y por supuesto no podían faltar los niños cándidos que se vuelven malos malísimos. De modo que Johannes Roberts, habitual del cine de terror, y que ya nos ha dejado algunas otras producciones poco aclamadas por crítica y amantes del género –El Bosque de los Malditos, La Carretera de la Muerte (TV)-, vuelve a probar suerte con la dirección y el guión para darse de bruces de nuevo con críticos y prosélitos de este tipo de cintas. Su objetivo parece ser el de crear el caldo de cultivo perfecto para una maraña de sobresaltos esporádicos previsibles e inmediatamente olvidables. Y con la retahíla de clichés que les he dejado previamente, huelga decir que lo consigue en ciertas ocasiones, empleando recursos tan caducos como los estridentes mazazos sonoros tras silencios sepulcrales, los giros de cámara bruscos, los barridos con sorpresa, el desenfocado en segundos planos… Y en eso consiste El Otro Lado de la Puerta, en otra calcomanía de tantas películas de terror mediocres que se estrenan año tras año en nuestras salas.

Con algo más de acierto que Roberts con la claqueta y la pluma –castigo compartido con Ernest Riera, coescritor del libreto- se desenvuelve el reparto, al frente del cual encontramos a Sarah Wayne Callies, de sobra conocida por los seriefilos que cuentan en su bagaje televisivo con The Walking Dead y Prison Break. Le acompaña Jeremy Sisto, un habitual de producciones americanas casi siempre ubicado en la fila de los secundarios. Lo cierto es que pantalla funcionan, y con la ayuda de la pequeña y desenvuelta debutante Sofía Rosinsky, intentan sacar a flote este barco que terminará por hundirse inevitablemente en aguas de la India.

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Joseph Bishara se escapa también de la criba. El compositor norteamericano, autor de las partituras de Insidious y The Conjuring (Expediente Warren), hace gala una vez más de su talento para crear la música adecuada para estos largometrajes, orquestando una banda sonora que podría acompañar a una película de mayor calidad.

Por tanto, un film del montón, que les provocará algún respingo en su butaca, y que quizá puedan disfrutar los más acérrimos acólitos de este tipo de “terror” concentrado en el sobresalto barato y simplón. Olvidable.

Mi Nota: 3,8

 

 

 

 

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