‘Absolutamente todo’: sin llegar a ser absolutamente nada

Treinta años han pasado desde que los Monty Python protagonizaron El sentido de la vida, la última película donde trabajarían juntos. Tras todos estos años de espera, esta semana llega a nuestras pantallas un nuevo título donde el grupo de cómicos, que consiguió revolucionar la comedia inglesa de los 90, se reúne de nuevo. Al mando de Absolutamente todo se encuentra Terry Jones, que escoge un brillante elenco de actores reconocidos en el panorama del humor como Simon Pegg o el querido Robin Williams.

Como no, también se encuentran los mismísimos Python como encargados de poner voces a los extraterrestres que revolucionarán la vida del protagonista de la película, un profesor harto de su existencia. Sin embargo, una mañana se despertará con la capacidad de poder hacer lo que quiera con tan solo desearlo: desde curar el hambre en el mundo hasta resucitar a los muertos. A pesar de esta premisa interesante, el resultado dista bastante de lo que uno se espera de Jones después de tantos años en la sombra. 

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La película se compone de un conjunto de gags, chistes malos y fórmulas de sobra recalentadas que no logran más que saltar alguna que otra risa floja. El guión pasa sin pena ni gloria, con un desarrollo bastante predecible y un desenlace del mismo modo poco llamativo. Ni siquiera sus protagonistas son capaces de llevar a buen puerto la película, que parece hacer aguas por todos lados. De hecho, a pesar de su característica personalidad, Pegg se enfrenta de cara a uno de los papeles más grises y sin gracia de su carrera.

No es que sea un título inviable, pero está muy alejado de la línea argumental y de calidad humorística de La vida de Brian o Los caballeros de la mesa cuadrada. En esos casos, la película parecía tener un objetivo real. En el de Absolutamente todo no llega a ser absolutamente nada. Deja más bien un sabor agridulce: un pequeño reflejo de lo que pudo haber sido y nunca será y una suma en la filmografía de Terry Jones de la que nadie jamás se acordará. Aunque, por desgracia también, un triste saludo de bienvenida a los que un día fueron los Monty Python.

Eso sí, un punto a favor por los créditos recordando a Robin Williams. No podrá evitar sacarte una sonrisa.

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Ana Belén Blanco

Parodia de periodista. Casada con la comedia, comprometida con la tragedia, amante del surrealismo, hija de lo romántico, hermana del drama y sobrina de lo épico. La gente me cree loca, pero la camisa de fuerza es por gusto.

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