Summer Camp: Aceptable ópera prima de Marini

El fenómeno zombie hace tiempo que asaltó nuestras pantallas y lo hizo sin duda para quedarse. Hablamos ni más ni menos que de 1932, cuando Víctor Halperin probó suerte con ellos en su obra La Legión de los Hombres Sin Alma. Algunos años después, en 1936, se aventuró Michael Curlitz con la cinta Los Muertos Andan, y algo más tarde, en 1943, hizo lo propio Jacques Tourneur, dando vida a Yo Anduve con un Zombie, considerada hoy en día película de culto. Pero el filme que sin duda marcó un punto de inflexión fue La Noche de los Muertos Vivientes (1968), de George A. Romero, que nos dibujó el prototipo de zombie que más ha proliferado en la filmografía: el terrorífico ser hambriento de carne humana.

Dejando de lado sus correspondientes secuelas –Zombi en 1978 y El Día de los Muertos en 1985- y algunos otros films en los que no podemos extendernos aunque lleven la firma de Raimi o Cronenberg, debemos esperar hasta el año 2002 para volver a hablar de una película sobre no muertos que marcase la diferencia y que fue la responsable del resurgir de este fenómeno que había quedado latente: 28 Días Después, de Danny Boyle, con guión de Alex Garland. Un cocktel interesante que salió francamente bien, y que conquistó sobre todo al sector adolescente, que demandó nuevas hordas de devorahombres que les diesen una buena inyección de adrenalina. La petición no se hizo esperar y tan solo dos años después Zack Snyder dirigió Amanecer de los Muertos, remake de la previamente mencionada Zombie de George A. Romero, que tuvo un reseñable éxito entre público y crítica y que definitivamente catapultó el fenómeno zombie hasta su llegada a España de la mano de Jaume Balagueró con la célebre [REC] en 2007; año en el que también aparecieron Soy Leyenda y 28 Semanas Después. La traca final llegó en formato televisivo con el nombre de The Walking Dead (2010), basada en los trabajos gráficos de Robert Kirkman y convertida a día de hoy en la piedra angular de todo seguidor de estos macabros seres.

Si bien Balagueró fue el encargado de traer los zombies a España claqueta en mano, en esta ocasión se retirará al ámbito de la producción ejecutiva y le dejará el privilegio de dirigir al neófito Alberto Marini, autor del guión de Mientras Duermes y productor ejecutivo de la citada [REC]. Marini se encarga no solo de la dirección, sino que también el guión es suyo –en colaboración con Danielle Schleif-, y en él está impresa también la firma de Balagueró. En cualquier caso, la historia tiene ritmo y cierta originalidad en cuanto a la concepción de los zombies, ágiles y medianamente inteligentes, siguiendo el tono de los empleados en las citadas [REC], Soy Leyenda y en Guerra Mundial Z (2013), que se desvían un poco del tópico cadáver andrajoso que se arrastra con las fauces abiertas. Además, más allá de devorar a sus presas lo que les invade es una furia desbocada que les guía a matarlos mediante la violencia física, lo que también supone una perspectiva novedosa.

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 Aunque sin duda el elemento más original es la acción temporal de la infección, lo que permite a Marini encerrar a sus protagonistas en una interesante jaula de tensión y sospechas que desemboca en un final bastante explosivo e inesperado. Más allá de esto, la película aglutina en su desarrollo todos los clásicos tópicos del género, pudiendo destacar un uso abusivo del distorsionado rugido de los infectados para generar los sobresaltos sonoros que acaba por levantar dolor de cabeza. Sin embargo, no están metidos con calzador en su totalidad, sino que funcionan con efectividad en numerosas ocasiones.

El reparto está compuesto por Diego Boneta –Rock of Ages, Eden, Scream Queens-, Maiara Walsh –Mujeres Desesperadas, Crónicas Vampíricas-, Jocelin Donahue –La Casa del Diablo, Fast & Furious 7-, Andrés Velencoso –Fin-, Mark Schardan, Rick Zingale y Xavier Capet. Se trata de una plantilla muy corta, lo que también hay que valorar, y más aún si los cuatro primeros de la enumeración copan casi la totalidad del metraje. Difícil será encontrar en una película de estas características una interpretación memorable, por lo que bastará con indicar que todos están a la altura de lo que se les exige.

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Una opera prima con cierta originalidad, apreciable en el nuevo enfoque que Marini da a la cinta con la idea de poner cronómetro a la infección, levantada sobre un guión a priori simple y con un elenco trivial. No obstante, la cinta es entretenida, logra generar tensión y tiene un ritmo interesante por momentos… Pero no deja de ser otra efímera y olvidadiza distracción para una calurosa tarde de verano.

Mi Nota: 5

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