Infierno Azul: Pasable intento de “Jaws”

Han pasado ya cuatro décadas desde que Steven Spielberg decidió sentar un precedente en lo que al thriller se refiere regalándonos una película de culto que aún a día de hoy es una lección magistral de cómo crear tensión en una cinta. El título del maestro estadounidense –Jaws tuvo un éxito arrollador y se convirtió instantáneamente en un fenómeno de masas. No es para menos, ya que la película es toda una delicia, con Peter Benchley para la confección del guión –autor de la novela en la que está basada la cinta- y un excelso John Williams que nos regaló una banda sonora para la historia, además del equipo de montaje que realizó un trabajo magnífico para la época, lo que les granjeó el Oscar; también Williams se lo llevó a casa por su obra. La comercialización del producto fue vertiginosa y tan solo tres años después se demandó una secuela, de la que inteligentemente supo apartarse a tiempo Spielberg y su séquito: Jaws 2. Masacrada por la mediocridad que supuso frente a la pionera, fue el anuncio perfecto de la insufrible retahíla de desastrosas películas sobre tiburones que inundaron las pantallas en años subsiguientes: Jaws 3, Jaws 4, Terror en el Mar, Shark Attack, Deep Blue Sea… Y un largo etcétera. Sobra decir que Spielberg permaneció bien alejado de todas ellas, pero su creación original se ha mantenido como un tema de lo más recurrente y de vez en cuando nos encontramos en cartelera con alguna intentona de Jaws; y en este contexto tenemos el film que llega a nuestras pantallas el próximo viernes, Infierno Azul, dirigida por Jaume Collet-Serra.

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La trama es de lo más sencilla: Nancy (Blake Lively) es una estudiante de medicina que ha perdido a su madre. Con el objetivo de superarlo y también de aclarar su futuro académico decide visitar una playa “secreta” -que también su madre había visitado- para practicar surf. Pero una vez allí, el tomar las olas se complicará cuando un enorme tiburón blanco la condene a quedarse atrapada en un islote a una insalvable distancia de la costa; Nancy deberá entonces encontrar la manera de sortear al escualo en pos de su salvación.

Nos encontramos por tanto ante un guión con poco jugo que exprimir. Aunque está claro que la historia no era lo que le quitaba el sueño a Collet-Serra cuando decidió contar con Anthony Jaswinski como guionista; ni una decena de libretos ha firmado, con preferencia por el terror de serie B. Queda patente por tanto que el director barcelonés aglutina sus esfuerzos en la búsqueda de recursos que generen el tan anhelado suspense.

Analizando someramente la filmografía de Collet-Serra –La Casa de Cera, La Huérfana, Sin Identidad, Non-Stop, Una Noche para Sobrevivir- podemos constatar su predilección por el thriller y en menor medida el terror. En el film que nos compete cierto es que por momentos lleva a cabo un interesante trabajo de cámara, que aderezado con los tópicos recursos de un  thriller de bajo presupuesto consigue planos de tensión y algún sobresalto. Disfrutable a intervalos, sí, pero muy lejos de la musa inspiradora que nos regaló Spielberg.

En cuanto al reparto, está compuesto por Blake Lively –Uno para Todas, Admitido, Hick, Linterna Verde, Salvajes, Café Society-, Oscar Jaenada –Noviembre, Camaró, Che: Guerrilla, La Herencia Valdemar, La Fría Luz del Día-, Brett Cullen –Ghost Rider, Lejos de la Tierra Quemada, The Runaways, Monte Carlo-, y Sedona Legge, que se estrena en esta película con algunos minutos desde la pantalla del teléfono móvil de Nancy. Nos encontramos ante una plantilla muy corta; de hecho, Lively acumula prácticamente los ochenta y siete minutos que dura la película, con apariciones casi anecdóticas del resto del breve reparto. La actriz viene apuntando maneras, habiendo sido reclutada incluso por Woody Allen para su último título, la citada Café Society. Lo cierto es que la angelina no se amedrenta ante la concentración de focos sobre ella, sino que se amolda a los designios de Collet-Serra, cuajando una actuación competente y a la altura de lo que el film demanda, que todo sea dicho, tampoco es excesivo… Pero Lively cumple.

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Finalmente, quiero dedicar unas líneas a la sensacional fotografía que aporta Flavio Martínez Labiano, un habitual de Collet-Serra en lo que a este ámbito se refiere (Sin Identidad, Non Stop). Los planos marinos iniciales sobre todo son una auténtica delicia que se graba en la retina.

Por tanto, otra película veraniega sobre tiburones que viene a engrosar la ya colosal lista  dedicada a esta temática. No obstante, al contrario que muchas de sus predecesoras, tiene destellos de calidad que la hacen moderadamente disfrutable, adecuada para alguna bochornosa tarde estival. Pero tampoco esperen mucho más. Lejos, muy lejos, quedó Amity Island.

Mi nota: 5,5

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