La Leyenda de Tarzán: Yates escoge la liana adecuada

El pasado 22 de Julio aterrizó en nuestros cines La Leyenda de Tarzán, film que sigue la estela de la obra animada realizada por Disney en 1999 y que cosechó un reseñable éxito diecisiete años atrás, en la línea del resto de producciones asociadas a la compañía creada por el genio estadounidense de la animación. Es por ello una empresa arriesgada retomar el hilo que dejaron Kevin Lima y Chris Bruck, aunque a David Yates parece gustarle el riesgo que suponen este tipo de aventuras cinematográficas, contando en su currículum con cuatro de las ocho entregas de la adaptación a la gran pantalla de la saga literaria “Harry Potter”. Veamos qué tal le ha ido con el renovado rey de la jungla.

La trama arranca un tiempo después del final de la película animada, con Tarzán (Alexander Skarsgard) ya inmerso en la vida acomodada de un lord inglés, tras su regreso de la selva africana. Jane (Margot Robbie), compañera inseparable, y ahora también esposa, le escolta en la nueva aventura que supone el bullicioso Londres del siglo XIX. No obstante, todo cambiará cuando se detecten movimientos extraños en el Estado Independiente del Congo, regido por el monarca belga Leopoldo II, y Tarzán sea enviado en calidad de emisario comercial para evaluar la situación. Acompañado en su periplo por George Washington Williams (Samuel L. Jackson), descubrirá los abusos a los que se están viendo sometidos los oriundos, además del complejo plan del capitán belga Leon Rom (Christoph Waltz) para incrementar las iniquidades que se están llevando a cabo sobre el territorio congolés.

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Cinco años después de su última aventura en la pantalla grande –Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2- David Yates se hace con la claqueta por partida doble este 2016, poniéndose al frente de nuestra película en cuestión y también de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, que se estrenará a finales de año. Como ya mencioné  en la introducción, siempre supone un riesgo atreverse con adaptaciones o secuelas de obras adoradas por hordas de fans que pedirán tu cabeza si no cumples las expectativas. Pero en el caso de Yates parece haber estado a la altura, ya que las entregas que realizó de Harry Potter resultaron bastante satisfactorias.

Tampoco en este caso ha fallado, ofreciendo una versión alternativa del clásico de Disney bastante fresca y renovada, con dinamismo, que alterna minutos de reflexión y carga moral con otros de acción, efectos especiales, y animales digitales. Con los personajes ya elaborados por Edgar Rice Burroughs en la novela que dio vida al personaje, Yates solo precisaba de un guión que cimentase su película. Para esta empresa contó con Stuart Beattie –Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra-, Craig Brewer –Footloose-,John Collee –Master and Commander, Happy Feet-, y Adam Cozad –Jack Ryan: Operación Sombra-. Un equipo competente que preparó una historia interesante, encuadrada en un marco histórico realista, lo que le dio una mayor seriedad al film, redirigiéndolo de este modo también hacia un público de mayor edad. Para finalizar la obra solo quedaba dar carne y hueso a los personajes animados.

El reparto es un claro contraste de luces y sombras. Las luces las ponen los siempre magníficos Christoph Waltz –Malditos Bastardos, Django Desencadenado, Big Eyes, Spectre- y Samuel L. Jackson –Jurassic Park, The Hateful Eight, Pulp Fiction, Los Vengadores-. El de Viena pareció aficionarse a lo de ser malo cuando encarnó al excelso Hans Landa de la mano de Quentin Tarantino, con quien parece cobrar una nueva dimensión interpretativa, subiendo el listón aún más si cabe. Nada nuevo entonces para él meterse en la piel del cruel capitán Leon Rom, generando un perfecto antagonista que gracias al talento de su intérprete se perfilará como el verdadero protagonista durante bastantes minutos.

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Por otro lado, el incansable recitador del versículo 17, capítulo 25 del libro de Ezequiel no se queda atrás; moviéndose en su hábitat natural –el de secundario de lujo-, Jackson nos regala el perfecto acompañante de Tarzán, fiel y con un gran aprecio por la amistad, que además supone el contrapunto para el salvaje personaje de Skarsgard, generando diversas situaciones cómicas de gran efectividad. Las sombras corren a cargo del protagonista, ni más ni menos, y esto supone un hándicap destacable para el film. Alexander Skarsgard –Desconexión, True Blood, Melancolía, Generation Kill- no ruge con la suficiente fuerza. Hijo del también actor Stellan Skarsgard –El Indomable Will Hunting, Piratas del Caribe, Los Vengadores-, Alexander no parece llevar a la pantalla el entusiasmo de su padre, y nos deja un Tarzán frío y artificial, lejos de su homólogo animado. En tierra de nadie quedó Margot Robbie, actriz que despegó con El Lobo de Wall Street de Martin Scorsese demostrando que tiene energía de sobra y revalorizándose meteóricamente en estos tres últimos años. No obstante, la actriz australiana no libera en esta cinta toda la chispa que tiene, reservándola quizá para su rol de Harley Quinn en Escuadrón Suicida; una actuación estándar que empasta con la frialdad de su acompañante en pantalla. Por último, un breve inciso para añadir en este reparto al eterno Jim Broadbent, siempre a la altura, y desenvolviéndose perfectamente en cualquier tipo de aguas.

En definitiva, una película entretenida tanto para los más pequeños como para un público más adulto, gracias a un guión renovado que se estructura sobre un marco histórico. Este factor da la posibilidad de incluir secuencias más “serias” en las que brillan los valores humanos, pero manteniendo los minutos de acción patrocinados por animales digitales que una película como esta demanda. Yates ha vuelto a escoger la liana adecuada.

Mi nota: 6

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